Nací el 21 de septiembre de 1963 en el Hospital Pirovano y pasé felizmente los primeros años de mi infancia en un conventillo de Floresta.
A los 15 años tuve que dejar el secundario para ayudar a mis viejos y recién varios años después pude terminarlo, ya casado y con dos chicos. Pero como decía Francella, “Lo primero es la familia”.
Actualmente tengo tres hijos y me esfuerzo todos los días para que no les falte nada, para que puedan siempre afrontar la vida con la misma libertad que tuve yo. Tanta libertad que uno no me salió de la Academia, ¿podés creerlo?
Desde hace cuatro años me desempeño como legislador de la Ciudad de Buenos Aires pero antes también fui mecánico, cadete, cobrador de una compañía de seguros, empleado en el Ministerio de Trabajo e incluso profesor de karate.
Me considero un trabajador nato y aunque para mucha gente el esfuerzo y la dedicación parezcan conceptos ajenos a la política, para mí son el único camino válido para llevar adelante lo que desde siempre sentí como una auténtica vocación. Por eso, cuando me definen como a un “político”, yo les digo “no, no… yo soy un trabajador de la política”.
Creo que hay mucho por hacer, creo que las cosas pueden cambiar y creo que mucho podemos hacer desde la “política”.